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La potencia narrativa de "Te acuerdas del mar"

Antonio C. Marín - 06/05/2026

“Mala decisión. Pudo pasar de largo, como tantas veces, dejar atrás al posible cliente y observar con alivio el gesto de contrariedad por el espejo retrovisor”. De ese modo arranca la novela Te acuerdas del mar, del autor colombiano Óscar Godoy Barbosa. El taxista con el que inicia la historia se enfrenta a un evento de vida o muerte, “Cuántas veces, al observar a sus pasajeros ya acomodados en el puesto de atrás, percibir sus alientos y leer sus rostros, no ha tenido más remedio que darles la espalda, con un frío en todo el cuerpo, encarar la ruta y confiar en la suerte”. Va masticando la adrenalina del temor, como muchas veces lo ha hecho.

El paciente de la cama dos sueña con el mar. A pesar de las vendas que recubren su cuerpo, del yeso que tensa su brazo, de las poleas que sostienen su pierna, de los dientes que perdió cuando fue víctima del atraco que lo llevó al hospital, él solo quiere contar historias sobre el mar. De sus labios brotan, una tras otra, hazañas náuticas, impulsadas por un entusiasmo que raya con el delirio: enuncia las proezas de Robinson Crusoe, de Ishmael y Ahab, del Corsario Negro, del pescador que luchó durante varios días con sus noches contra un enorme marlín.

En la cama de al lado, el anciano don Luis escucha los relatos marítimos con atención. Siente intriga por ese pálido y magullado hombre apodado Corso que no deja de evocar el mar y que, pronto descubre, años atrás había sido el comandante de una guerrilla ya desmovilizada. Y no es el único que siente curiosidad: con el transcurso de los días, otros llegarán a la habitación, viejos conocidos, fantasmas del pasado, y entre todos recorrerán, arrullados por las historias marítimas de Corso, la violenta historia política de Colombia de los últimos setenta años.

Los distintos hilos narrativos de la novela transportan a tres grandes momentos: la violencia de los años cincuenta, la violencia guerrillera, y la violencia que sufren los desmovilizados, que se parece a la que en la actualidad se vive en Colombia, después de la firma del acuerdo de paz con las FARC.

Óscar Godoy evita las soluciones obvias y el enfrentamiento fácil o predecible de las diferentes visiones ideologizadas de la guerra. La potencia narrativa, magistralmente desplegada a lo largo de la novela, nos trasportan por las animadas experiencias del pasado, los animados relatos de Corso, las oscuras interioridades del presente de estos actores de la guerra, que presentan contradicciones humanas y momentos de luz.
No es difícil encontrar en la literatura colombiana el drama de la violencia política y los ecos de la misma tras décadas de guerra. Está presente en los corazones de quienes escriben, en la atmósfera cotidiana, en sus dinámicas históricas. Pero no es tan habitual hacerlo de una forma tan cercana, con una sensibilidad que supera dogmatismos, sin evitar el desgarro de un pueblo pero sin caer en formas que marquen el horizonte correcto.

Este reto lo resuelve Godoy con solvencia y una indudable calidad literaria que pasa por encima de fronteras, más allá del reconocimiento que la novela obtuvo con el premio Ñ-Ciudad de Buenos Aires en 2019.